Pagamos también por un recuerdo y un ornamento, no crean. Ni me planteo eso de estar unidos para siempre, como dicen los compañeros (aunque sí nos unirá claro, y nos hará reir dentro de unos años) ni le doy muchas vueltas a la autoría y a mi ego. Lo importante es vivir, hacer, pensar en la hora siguiente y no en la semana siguiente. Y eso me ha encantado: -"¿nos tatuamos?", -"claro, venga, ¿qué nos hacemos?". Y a la semana listo. Muy grande. Va a resultar que sí hay gente que, como yo, aspira "a que la ola que surge del último suspiro de un segundo me transporte mecido hasta el siguiente" y que prefiere cambiar a estar resentida y saltar a pensar demasiado. Es nuestro triunfo, dibujado con forma de golondrina.
Es lo primero que veían los marineros al acercarse a tierra y lo usaron como motivo para marcarse nada más llegar a casa. Luego está la leyenda que habla sobre el plumaje de su tripa, que servía para realizar un elixir al que ninguna persona del sexo opuesto podía resistirse. Más moderna es la idea de tatuarse un Swallow (bonita traducción) para recordar a un ser querido. Perfecto, pues.

Y de lo de Carla Bruni no hablo, que me da envidia, pero parece que lo adelanté poniendo la foto anterior. La de hoy es de Birkin y Bardot, dos de las mías. Ambas cantaron el Je t'aime... y jugaron un poco a lo mismo, y ambas representan una belleza diferente, que no necesita de la sofisticación. Otras cosas sí requieren estar pulidas, como el trabajo aquí en el periódico. Con un poquito más todo saldría mejor, una pena. Y en esas ando hoy: contento con un resultado pero regular porque podría haber ido mejor si nos dejaran; feliz por hacer este tipo de cosas pero pelín frustrado por no poder hacerlas siempre, que es lo que me gustaría.
Fuerzo que aparezcan estas dos, claro, aunque ni debería, que una cosa bonita nunca está demás. Ni siquiera en nuestros cuerpos, ¿verdad, amiga?.