Britney roba un mechero y ni siquiera le hace falta. No porque pueda pagarlo sino porque el tendero debería regarlárselo incluso. Es una diva. Le ponen dobles de cuerpo para las sesiones de fotos y hasta tiene por ahí un presunto video erótico con Paris Hilton. Eso es arte. La cosa no dejaría de ser anécdota pop graciosa si no fuera porque sienta dos peligrosos precedentes con los que estoy totalmente de acuerdo: 1.Demuestra que la música puede ser mentira y puede ser buena (su disco es estupendo y prefabricado a la vez, y ella simplemente canta y pone su imagen; el futuro se creará en un laboratorio, pues) y 2.Demuestra que una celebrity no tiene porqué ir de digna por la vida.
Eva González va de digna pero compra en el Caprabo con lo que gana y muchas otras van de remilgadas por ahí cuando no lo son porque nadie lo es. Ninguno de nosotros es totalmente digno ni falta que hace. Britney es un putón y es consciente de ello. Y quiere serlo. De paso, se carga de un plumazo la pose de artista maldito y cantautor que escribe mientras fuma y recibe a las musas. Se puede hacer música de muchas formas. Claro que las letras no son las de Dylan ni su complejidad musical la de Roxy Music, nos ha jodido, pero para eso ya están ellos.

Hay que vivir. Equivocándose, con contradicciones, con fotos poco favorecedoras en tu archivo. Y si te emborrachas perfecto. Si te ríes también. De eso a matar a alguien hay mucho camino. La dignidad es para asuntos mayores, para el amor, para la verdad, para el saber estar. Vivan las piernas de Carla Bruni que reconoce que hace música porque es rica y tiene tiempo, y como no sabe escribir en inglés adapta poemas de los de caerse de espaldas. Y el resultado es excelente, vaya. Y, sin pretenderlo, más digno que los dignos.